Carrie Fisher está muerta y enterrada. Así lo confirmó un comunicado de Lucasfilm tras el trágico e inesperado fallecimiento de la actriz el pasado diciembre. Una nota extraña pero necesaria, como reconocía la compañía en la página oficial de Star Wars, dados los rumores que circulaban desde la muerte de la venerada princesa Leia. “Queremos asegurar que Lucasfilm no tiene planes de recrear digitalmente el trabajo de Carrie Fisher como princesa o general Leia Organa”, subrayaba la información. Una respuesta que ellos mismos hicieron necesaria con la “resurrección” digital de Peter Cushing en el papel de Moff Tarkin en Rogue One: Una historia de Star Wars. Como indicó la revista Variety nada más estrenarse el filme de Gareth Edwards, la presencia del intérprete británico fallecido hace más de 20 años marca un antes y un después en Hollywood. Un cambio no sólo desde el punto de vista de los estudios, que pueden incluir en sus castings a actores ya desaparecidos, como desde el punto de vista de los intérpretes, preocupados por la forma en la que proteger (o perpetuar) el uso de su imagen una vez muertos. Seguir leyendo.