NANI F. CORES

  • Perteneció a una extravagante familia americana de artistas afincada en Madrid, cuya vida inspiró el libro Los Modlin.
  • Margaret, fallecida en 1998, pintaba y su obsesión fue ser reconocida como 'la mejor pintora del Apocalipsis de todos los tiempos'.
  • Una exposición póstuma en Malvin Gallery muestra su particular y recurrente visión sobre el tema de la muerte.

Elmer, tú que contemplas los siete sellos del Apocalipsis

En el año 2003, el fotógrafo e integrante del colectivo Nophoto Paco Gómez se topaba con un inesperado tesoro tirado en una calle del madrileño barrio de Malasaña: cientos de fotografías y efectos personales de una extraña familia. Fascinado por lo que allí encontró, pronto fue uniendo las piezas del puzzle. Los protagonistas de aquellas instantáneas era Los Modlin, una familia de artistas americanos que se afincaron en Madrid en los años 70.

Margaret era pintora, Elmer, actor de reparto en Hollywood y su hijo Nelson, modelo, actor y locutor de radio. Tuvieron una obsesión, convertirse en famosos y que Margaret fuese reconocida como "la mejor pintora del Apocalipsis de todos los tiempos", como a ella misma le gustaba definirse. Su sueño frustrado en vida va camino de convertirse en realidad tras su muerte.

Paco escribió un maravilloso libro, Los Modlin (Fracaso Books, 2013), que cuenta en clave detectivesca y de crónica periodística la historia de este singular clan, mientras que la obra de Margaret se ha relanzado gracias a dos exposiciones en la Malvin Gallery de Madrid.

La segunda de ellas, Margaret Modlin, reflexiones y obra inédita, que puede verse hasta el próximo 8 de julio, reúne obras que por cuestiones de logística se quedaron fuera de la primera exposición monográfica y muestran su particular visión acerca de del tema de la muerte, un símbolo recurrente en toda su obra.

Obras de tamaño monumental

La exposición gira en torno al cuadro de tamaño monumental Empalao de Valverde, el único donde la artista se representa con toda su familia y suma otra familia más haciendo de éste su principal retrato grupal. Se incluyen también la Crucifixión y la Ascensión, ambos también de gran formato y donde Cristo se representa imberbe y alejado de la imagen que tenemos de él.

En todas las obras seleccionadas se pueden ver iconos recurrentes en toda la obra de Modlin como la calavera y el huevo sin olvidar las secuencias cromáticas. Por último, en una sala aparte podrán verse los más de 50 bocetos y preparatorios de estas obras, muy interesantes a la hora de conocer su origen.

Una oportunidad de oro para recuperar la obra de una artista de la que el propio Henry Miller (amigo de la familia) llegó a decir: "Coquetea con los grandes maestros, pero no está obligada a ninguno. Para ella, vivir es suficientemente mágico. Ella no pide milagros". Sin embargo, el milagro se ha hecho realidad.