NANI F. CORES

  • Su serie 'Aislamientos' (realizada entre 1967 y 1985) aborda el pesimismo, la alienación e incomunicación del individuo.
  • Con esta exposición se quiere poner en valor a este creador valenciano que tuvo un gran reconocimiento de la crítica durante los años 60 y 70 pero cuyo trabajo apenas ha podido admirarse en los últimos 30 años.

Serie 'Aislamientos'

El Institut Valencià d'Art Modern IVAM recupera estos días la obra de José Iranzo Almonazid, conocido artísticamente como Anzo (Utiel, 1931-Valencia, 2006), para reinvindicar la obra de uno de los creadores valencianos más originales y visionarios de la segunda mitad del siglo XX.

"Esta exposición pone fin a una injusticia histórica sobre Anzo, que ha permanecido demasiado tiempo en el olvido y ahora entra por la puerta grande en IVAM" exclama rotundo José Miguel G. Cortés, director del centro. Durante los casi 28 años de historia del IVAM la obra de Anzo apenas se había visto en alguna exposición colectiva. Ahora se quiere poner en valor el trabajo de este creador que, sin embargo, sí tuvo un gran reconocimiento de la crítica durante los años 60 y 70 del siglo XX.

La exposición, abierta hasta el próximo 5 de noviembre, tiene como punto de partida 1967. Ese año, Anzo participa en la Bienal de Sao Paulo y decide dar un cambio radical a su estilo que se refleja en una serie de obras tituladas Aislamientos, un conjunto de pinturas y grabados que no terminará hasta veinte años después, en 1985. En total la muestra reúne 80 obras procedentes de diversas instituciones, coleccionistas particulares y de la Fundación Anzo, impulsada y dirigida por su hija, Amparo Iranzo.

En todas ellas el artista aborda el pesimismo, la alienación e incomunicación del individuo atrapado en el laberinto de las estructuras de dominación. Y a la vez, destacan también por estar realizadas con materiales inusuales en la época: fotolitos, aceros pulidos, plásticos, rodamientos y representaciones de circuitos de computadora. El impacto que causó esta serie fue importante, dándole la posibilidad de participar con ella en eventos expositivos como la Bienal de Venecia de 1968.

El mensaje de Anzo fue el de un visionario y por ello, todavía sigue vigente. Así lo expresa el comisario de la exposición J. Ramón Escrivà: "esta obra destaca por la vigencia de su discurso en torno a los peligros de la tecnología y la denuncia de un mundo claustrofóbico y alienante".

Soledad humana e incomunicación

La primera parte de la muestra aborda las obras iniciales de Anzo de su serie Aislamientos en las que rompe con su etapa anterior y ya anuncia sus temas clave: la soledad humana en un mundo tecnificado y masificado, la problemática de la alienación y la incomunicación del individuo atrapado en el laberinto de las estructuras de dominación. Aquí destaca la pieza Aislamiento 12: "una pieza fantasmagórica que realizó el artista sobre las Torres Trade, un icono de la arquitectura franquista que Anzo dibuja en 1967 como un espacio de deshumanización", dice el comisario.

La muestra hace un recorrido por las obras que Anzo realizó con motivo de su participación en la Bienal de Venecia de 1968 y las piezas posteriores de los años setenta, más preciosistas y depuradas, en las que evidencia su fascinación por los elementos industriales incorporando a las obras materiales inusuales de la época. "En esta etapa también aborda por primera vez el tema de la oficina como lugar de alienación y control del ser humano", ha señalado el comisario.

La última parte de la exposición revisa las obras de la serie Aislamientos en las que aparece por primera vez la idea del círculo o el laberinto, "una metáfora del hombre sometido a la maquinaria del sistema de producción y consumo", según el comisario Ramón Escrivà.