La habitación que Carlos Fernández ocupa en Ibiza tiene un cierto halo de asepsia. Cama individual, armario nuevo, escritorio impoluto. Todo a estrenar. Pero algo no cuadra en este habitáculo en el que este médico reumatólogo, de 29 años y natural de Murcia, pasa el poco tiempo libre que le queda después de trabajar. La habitación forma parte de las ocho que el Gobierno balear ha puesto a disposición del personal médico desplazado a la isla después de rehabilitar la planta de pediatría del antiguo hospital de Can Misses.

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