El pueblo de Pedrógão es este domingo un lugar con demasiado silencio. El silencio de la desgracia, de la muerte que ha cruzado los montes como la rapidez del diablo. "Las llamas corrían como el diablo, más que nosotros", describió el jefe de bomberos de Pedrógão, João Dias. Y así atrapó a los vecinos, a unos en la siesta, a otros huyendo de la casa en coche, a otros cuando volvían de la playa.

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