“¿Quién es el pequeño que está contigo?”, pregunta el juez Frank Caprio al adulto que está en pie ante el banquillo. “Mi hijo, Jacob”. El magistrado levanta la mano derecha y le saluda. “Anda, ven aquí y ayúdame porque tengo problemas con este caso”, le dice. El niño se acerca y se sienta con él en el estrado. El público no puede contener la risa, sorprendido. “Tengo tres opciones: multarle con 90 dólares, 30 dólares o nada”, explica al pequeño, “¿qué piensas que debo hacer?”.

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