Sobre ceder el asiento cuando te duele la regla

Sobre ceder el asiento cuando te duele la regla

*** Rozila.com Notas de Prensa. Redes Sociales. ***

Son las ocho y media de la mañana. Cojo el metro y, providencialmente, consigo hacerme con uno de los preciados asientos. Quienes cojáis la línea 6 a esas horas sabréis de lo que hablo.

Y digo providencial porque ahora mismo siento como si una especie de mano gigante invisible estuviera escurriendo mi útero.

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Cierro los ojos, respiro hondo y procuro olvidarme de la sensación de presión que hace que quiera llorar. Tardo poco en llegar a mi parada por lo que tendré que volver a ponerme de pie en un rato.

Una parte de mí va un poco agobiada por si entra una persona mayor o una mujer embarazada, agobiada porque, por mucho que lo sienta, que me hayan educado a dejar mi sitio libre ante alguien con preferencia y que conscientemente sepa que esa persona también lo necesita, me encuentro mal e ir de pie solo consigue que, cuando estás con dolor, aumente la sensación de aplastamiento.

Si, como yo, sufres reglas dolorosas, sabes de lo que hablo, y si, también como yo, te mueves en transporte público, estarás más que familiarizada con esa urgencia de necesitar sentarte porque notas que te van a fallar las piernas de un momento a otro.

Y, sin embargo, no hay asiento con preferencia para cuando estamos en ese momento crítico en el que es como si una daga perdida se abriera paso a machetazos en tus entrañas.

De hecho hace poco, le comentaba a una amiga que cuando me pasaban esas situaciones, que una vez al mes me suele coincidir algún ataque de dolor en el transporte, si me sentaba lo hacía con culpa y hasta un poco angustiada.

Que incluso no me preocupaba por disimular la cara de “encontrarme mal” para que no me pidieran ceder el asiento.

Mi amiga me hizo reflexionar sobre lo tremendo que era que si no me encuentro bien me sienta en la necesidad de dejarlo ver para que mi dolor sea creíble (la historia de las mujeres en este país en realidad, si no manifiestas dolor o descontento no lo estás pasando mal) en vez de, en el caso de que me lo pidan, decir que realmente necesito ese asiento.

Y todo porque nos encontramos en una sociedad que juzga sin saber si esa persona puede estar indispuesta. Rápido se increpa y normalmente no es la persona que necesita el asiento sino alguna de al lado, que “Cómo es posible que no se deje el sitio”, que “Estos millennials…”.

Mi decisión es que desde ahora, si se vuelve a dar el caso y por lo que sea me lo piden, responderé con toda la tranquilidad del mundo que lo siento pero no, que estoy con la regla y que me está doliendo la tripa a morir, que necesito ir sentada, pero que puede hacerle la misma petición a cualquier otra persona del vagón.

No nos van a dar un asiento de preferencia para cuando notemos el dolor, eso lo tengo asumido. Pero si te encuentras mal, mal de esas veces que tú y yo sabemos, dilo sin vergüenza, porque no tienes que abochornarte de estar con la regla y yo, sin ir más lejos, ya me he cansado de ir ocultándolo como si no pudiera demostrar debilidad física en ningún momento si realmente me estoy sintiendo indispuesta.

Vamos a decir: “Esto es lo que pasa, es lo que hay, y me duele de narices. Hazme el momento un poquito menos difícil y déjame tranquila mientras fantaseo con extirparme el aparato reproductor con las llaves de casa”.

Y, por supuesto, si estando en el otro lado, sentada sin ningún tipo de malestar, cualquier mujer me pide que le ceda el sitio porque se encuentra en el episodio crítico, que tenga claro que no voy a dudar un segundo en levantarme.

Duquesa Doslabios.

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Publicado en Amor.

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