Marlango: “En el fondo, todo lo artístico nace de un egoísmo”

Marlango: “En el fondo, todo lo artístico nace de un egoísmo”

*** Rozila.com Notas de Prensa. Redes Sociales. ***

ÁLVARO MACÍAS

  • Tras cuatro años de gira, Marlango regresa con un nuevo álbum, 'Technicolor'.
  • "Para nosotros, las cien canciones que hemos escrito anteriormente son la oposición".
  • "El tiempo en el escenario se lo ganas a la muerte".
  • "Nos gusta más montar el escenario y poner los personajes que señalar y decir 'tú el malo, tú el feo y tú el bueno'".

El grupo Marlango, formado por Leonor Watling y Alejandro Pelayo, presenta su nuevo disco: 'Techniclor'.

Suenan a whisky y a tarde de lluvia. A refugio. A sala de cine en blanco y negro. Leonor Watling y Alejandro Pelayo pueblan de canciones sencillas los sentimientos comunes.

Catorce años después de su primer disco, y tras cuatro de gira, Marlango regresa con Technicolor. Diez canciones con esqueleto de escenario y aire viciado. Comienzan la gira el 18 de octubre en Bilbao y después Madrid (día 23), Huelva (25), Barcelona un mes después, el 28 de noviembre y Valladolid el 7 de diciembre. Hablamos con ellos del arte, del proceso creativo, de arrepentirse y de lo que se dicen quienes han tenido tiempo de decirse todo.

Les catalogan de jazz, van a festivales indies, suenan a retro, a vinilo. ¿Qué les acaba definiendo?
Alejandro Pelayo: Las canciones. No hay una intención previa ni posterior. Ni siquiera un plan en los ensayos para que en el escenario las etiquetas superen a lo que cada persona, al escuchar la canción, decida. Eso siempre lo hemos llevado por delante de cualquier otro planteamiento intelectual. La música pertenece a los que la escuchan. Los que la hacemos tenemos que darle el espacio y el contenido a los ingredientes, pero sin imponer nada. Quien escuche que decida.

¿Cuáles son esos elementos?
Leonor Watling: Lo que pida la canción.

A. P.: Algunos casi los tenemos obligados. El piano es un elemento que coloca a la canción en un lugar y una estética asociable al club de jazz, a la manera de cantar de Leonor, que te transporta a los años 40. En este disco vuelve a haber una presencia muy marcada de los metales. Los arreglos de cuerda y violonchelos, para equilibrar la parte clásica. También la decisión de no grabar guitarras ni bajos para quitarle la entretela al traje, para hacerle hueco a un elemento fundamental, el silencio. Forma parte de igual a igual con la melodía. De hecho, es una manera de subrayar antes, durante y después, para que lo que aparezca ahí esté solo y cobre su verdadera importancia.

El disco, aparte de salir ahora, tiene rasgos otoñales, como olor con lluvia. ¿El entretiempo es un remanso, una terapia?
L. W.: A mí me gusta mucho el entretiempo, reconozco que es menos tranquilo que el invierno o el verano, pero no lo creo. Hay un error en querer conocer tanto a alguien que hace algo que te gusta. Nick Drake no puede ser más de otoño y no puede ser más complicado. Hay gente que hace una música muy tranquila y llevan una vida difícil y quienes hacen música difícil y luego llevan una vida zen.

Entonces, ¿no es diferente hacer música ahora con hijos?
A. P.: Es diferente hacer música después de catorce años del primer disco. Afecta más a las canciones el paso del tiempo, los conciertos, los seis álbumes anteriores. Por supuesto tener hijos es una de esas cosas que te pasan en la vida que no tienen equivalente, uno de los hits de tu vida, pero vas haciendo canciones en respuesta a las antiguas. Una bola de nieve que se va a haciendo más grande y que va soltando ideas. Yo creo que los discos salen de las giras de discos anteriores.

Technicolor sale de haber hecho 140 conciertos de piano y voz con El porvenir. Estas canciones fueron apareciendo como respuesta a la información que nos daba la gira y los viajes, el tiempo que pasas en los lugares que no son tu casa. Musicalmente son un caldo de cultivo porque llenas todo ese tiempo escuchando lo que te gusta y eso, a su vez, provoca música que tienes ahí, que necesitas ordenar. Cuando no pasa nada es cuando estás en casa un martes. Es muy difícil, aunque esté el piano, estén los niños y estés bien, no te apetece.

L. W.: Ese es nuestro caso, porque hay luego hay otra gente...

A. P.: Claro. Yo trabajo todos los días y me voy dando cuenta de que los días buenos son los que van a priori más en contra del oficio. Cuando lo tengo todo ordenado y después de la sobremesa me quedo solo en casa y me puedo poner a trabajar, casi nunca pasa nada. Pero luego vamos a México a dar conciertos y apunto 15 ó 20 cosas en los atascos que te comes de una radio a otra. Las ideas que pueden convertirse en una canción salen por los resquicios más insospechados.

¿Existe eso que llaman la experiencia?
A. P.: Sí que existe, pero aparece después. Se aplica cuando ya tienes los elementos. Ahora notamos la experiencia en una etapa más tardía: en los arreglos, en decisiones estéticas, en saber qué quieres porque ya te has equivocado con muchas canciones antes. Eso es la experiencia porque al principio estamos todos en igualdad de condiciones.

Algo casi juanramoniano, pero en vez de un poema, una canción, Y pulirla y cincelarla.
L. W.: Sí. Pero después, cuando te sientas delante del folio o del piano, da igual que hayas escrito cien canciones o ninguna.

A. P.: El otro día leí una entrevista con Paul McCartney por su último disco y volvía a decir que la hoja en blanco es igual para todo el mundo, que es una frase que me gusta mucho. En su caso y en el nuestro y en el de alguien que no haya escrito nunca una canción el lugar es íntimo. Y el punto de partida te coloca con las que hayas escrito enfrente. Para nosotros, nuestro enemigo son las cien canciones que hemos escrito anteriormente, porque no puedes permitirte una que se parezca, que ya hayas escrito. Son la oposición. En el caso de McCartney, su oposición es muy fuerte porque ha escrito dos docenas de canciones que todo el planeta puede cantar de arriba a abajo.

L .W.: ¿Cuántas habrá escrito en total?

A. P.: Muchas, pero es que algunas son estandartes de la cultura del siglo XX.

L. W.: Claro, no puede empezar una diciendo Yesterday.

A. P.: Pero en cambio si alguien pudiera hacerlo sería él, a modo de broma.

L. W.: Y a modo de conversación.

A. P.: Un señor de su edad, que ha escrito tanto y desde tan joven, tiene toda la experiencia, pero cuando coge la guitarra, está como la primera vez.

¿El enemigo de un artista son sus canciones?
A. P.: La oposición. O sea, algo que está ahí y de lo que estás muy contento y muy orgulloso, pero es un camino por el que ya has pasado.

L. W.: Te tienes que olvidar cuando te sientas a escribir. Luego de repente lo lees y piensas 'esto ya lo he hecho'.

A. P.: En el momento en el que sientes que estás recorriendo por segunda vez un camino por el que ya has pasado, no quieres estar ahí.

L. W.: Y eso pasa a veces. Que dices 'qué bien, qué bonito' y de repente 'no, espera, esto me suena, esto ya lo he hecho'.

Technicolor parece hablar de heridas y de correspondientes cicatrices. ¿Querían cerrar algo o aprender de ello?
A. P.: Sí, si tú al escucharlo has apuntado eso, es que sí.

L. W.: El que lo escucha es el que tiene la razón. Por haber escrito la letra no vale más mi versión. No hay una respuesta buena. No es 'esto va de esto'.

A. P.: Nosotros tenemos una ilusión, una fantasía. Para nosotros, este disco es una celebración.

L. W.: Para ti.

A. P.: A ver, para mí sí. En el sentido de que hemos tardado cuatro años en hacerlo porque no hemos parado de tocar y ese tiempo no ha sido perdido. Luego lo hemos grabado muy poco a poco, en retales, con el sentido en el que se han ido posando. Se han ido editando, las hemos ido reaprendiendo, hemos ido construyendo como quien hace un puzzle muy grande pero no va todos los días a poner una ficha. Y terminarlo, masterizarlo y la parte final, lo que es la experiencia, ha sido muy de celebrar.

L. W.: Sí, eso sí, pero las canciones...

A. P.: Quienes lo han escuchado lo sienten oscuro, denso, tiene alguna canción que puede irse algo más arriba, pero en general es un álbum muy tranquilo. Y quizá ahí estén las respuestas a cómo nos hemos sentido estos cuatro años. Los escenarios, la música que escuchas cuando vas por la calle, de compras. Todo lo que tiene que ver con las redes sociales, con esa gente mirando cámara festejando desde por la mañana un café. Eso, cuando ya tienes una edad y una manera de ser, piensas que no hay tanto que celebrar. Una especie de vaso comunicante de equilibrio entre lo que te rodea y ves y lo que sientes y eres y todo eso se junta en un lenguaje musical.

Son 14 años de matrimonio musical. ¿Qué queda o qué quedaba por decir?
A. P.: Cada momento tiene su música.

L. W.: Es lo alucinante, que una pareja creativa tenga aún algo que decir, cosas que contarse.

A. P.: En este disco hemos recordado el primero. Tiene que ver con el tiempo que pasa entre que haces un disco y lo llevas de gira, que te va dando un alimento para otras canciones que se van transformando en algo nuevo. El tiempo en el escenario es tiempo que le ganas a la muerte. Es una hora y media donde no existe el dolor, donde las cosas cutres de la vida están en stand-by y estás rodeado de gente que ha elegido, en su tiempo libre, ir a ver algo que tú haces por una cuestión bastante personal, que harías igual aunque no te dieran la oportunidad de salir a un escenario. Pero te la dan. Y es muy halagador.

¿La música se hace por uno mismo y luego se expande?
L. W.: Yo creo que todo lo artístico en el fondo nace de un egoísmo, de una intimidad.

A. P.: El proceso creativo en sí es un acto egoísta. El artista, cada uno en su ámbito, necesita hacer eso y lo necesita por una cuestión personal. El actor necesita del público después, pero para el músico el público es un regalo.

L. W.: Los pintores, los escritores... Tú lo haces y no se termina hasta que no lo has enseñado. Esa es la tragedia. La música, para terminarse, necesita existir. Y para existir necesita que alguien la escuche o que alguien lo lea. Se convierte en generoso lo que era egoísta y ahí está la tensión de los que nos dedicamos a esto. Es una relación complicada. Exponerte mucho, pero desde un punto muy ermitaño. Si no estás en soledad no sale nada.

¿Estáis en ese momento en el que hay más sinceridad que convivencia?
Leonor: ¿Se puede una cosa sin la otra?

En las letras se nota un desamor, algo perdido.
L. W.: Es una mezcla. Hay algunas canciones que la letra ya está bastante definida, aunque siempre haya que coser y cortar, pero ya están más armadas. Otras, en cambio, hay que construirlas encima de la canción, del arreglo, de lo que te apetece oír. A veces, lo que ocurre es que somos vasos comunicantes, como dice Alejandro, y si yo estoy cantando algo muy alegre, él al final toca una armonía más lenta, y si él toca algo alegre, pues yo...

En la promoción les han hablado de lo de que han creado, de diez atmósferas, de diez películas, pero ¿cuál es esa aventura? ¿Tiene final feliz o un clímax sorprendente pero inevitable?
A. P.: La idea es que fuera como un musical, que tiene un punto fantástico e irreal, con esa atmósfera de película antigua, donde los elementos están a disposición del que escucha. Si tú estás recién enamorándote, que este sea un disco de amor y que las canciones te hablen de eso. Y si estás en el desamor, al contrario. En la medida de lo posible, nos gusta más montar el escenario y poner a los personajes que señalar y decir 'tú eres el malo, tú eres el feo, tú eres el bueno'. Un territorio más ambiguo.

Acabo con un verso que incluyen en el propio álbum a modo de agradecimiento. Gil de Biedma. "Que la vida iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde".
L. W.: Tanto este como el de José Hierro ("Después de todo, todo ha sido nada,/ a pesar de que un día lo fue todo") me han ayudado mucho al escribir las letras. Cuando estoy escribiendo a veces busco a qué agarrarme. Gil de Biedma tiene ese humor que me gusta mucho. Por ejemplo, [el single] Poco a poco tiene eso de que te has dado cuenta tarde, pero ya está, no pasa nada.

Si volvieran a empezar ahora, ¿cambiarían algo?
L. W.: Sí, claro, un montón de cosas. O sea, yo sí. En eso creo que somos distintos.

A. P.: No sé. Hay canciones que con el tiempo escuchas y tomaste decisiones que ahora no estás cómodo con ellas. Pero es que en el momento pensamos que era lo mejor. Es lo que sabíamos en aquel momento y hasta ahí. La hicimos de esa manera.

L. W.: Hay como dos respuestas a eso. Si no hubiéramos hecho aquello, no estaríamos aquí ahora. Pero también es verdad que yo cambiaría muchas cosas. En general, en mi vida. Es verdad que mola ese rollo de 'yo estoy aquí por lo que he hecho antes y por cómo ha pasado' y me digo que sí, que es verdad, pero... Bueno, como no nos van a dar la oportunidad de cambiarlo, mejor no arrepentirse.

¿Qué van a hacer ahora? ¿Algo fuera de Marlango?
A. P.: No hay mucho sitio fuera de Marlango porque tenemos el disco.

L. W.: Y empezamos gira.

A. P.: Y vienen los ensayos.

L. W.: Ojalá estemos otros cuatro años, pero no depende de nosotros. Pero si nos dejan.

A. P.: Lo que pasará fuera de Marlango pasará durante la gira de Marlango. O sea, la inercia de la gira hace que surjan las ideas y las canciones y algunas serán para el siguiente disco de Marlango. Pero lo darán los viajes, no los planes previos. Hacer planes...

L. W.: ... nunca nos ha funcionado. Sale mejor. Quizá no mejor, pero distinto. A veces hacemos planes pero sabiendo que vamos a gestionar lo que vaya ocurriendo. La expectativa es muy tramposa. Si se cumple la expectativa te parece normal, porque la estabas esperando. Pero si no se cumple, es terrible.

Publicado en Cultura.

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