Carolina Marín: el triunfo de una inquebrantable voluntad

Carolina Marín: el triunfo de una inquebrantable voluntad

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DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Carolina Marín

Cuando Carolina Marín levanta el puño tras ganar un punto, lo levanta toda España. Esa España que no sabe muy bien qué es lo que golpea con la raqueta (un volante), que no sabría decir más de tres rivales 'top' de la española, como su buena amiga y máxima rival Pusarla Sindhu, y que tendría que tirar de google para averiguar a qué juegan Pablo Abián o Bea Corrales. Porque Carolina Marín es la nueva Manolo Santana, la nueva Ángel Nieto o el nuevo Severiano Ballesteros. Todo el mundo sabía que había un deporte que se llama bádminton, pero muy pocos se atrevían a considerarlo una práctica deportiva a considerar, más allá de los típicos y tópicos fútbol, baloncesto o tenis. Ahora, poco a poco (muy poco a poco), ya hay niñas y niños que lo empiezan a ver como un deporte a practicar.

Detrás de los éxitos de Carolina Marín (dos veces campeona del mundo, cuatro veces campeona de Europa, número 1 del ránking BWF en varias ocasiones y campeona olímpica en Rio 2016) no sólo hay talento, sino mucho trabajo. Su competitividad la hace ir a por la victoria siempre que puede, no de vacaciones. Ella y su entrenador, Fernando Rivas, tienen claro que la mentalidad es un elemento clave. Su frase de cabecera es "Puedo porque pienso que puedo", toda una forma de entender el deporte y la vida. Su mayor referente, como el de muchos, es Rafa Nadal. Su capacidad de sacrificio, su innegable garra y carácter y la condición irrenunciable a no rendirse nunca son sólo algunos factores comunes que les unen.

Como su ídolo, la onubense también quiere convertirse en la punta de lanza de este deporte. El crecimiento del bádminton en España es lento, pero firme. Y lleva un incofundible sello femenino. Según datos oficiales del Consejo Superior de Deportes, el número de licencias españolas en 2016 era de 7.565, de las cuales 3.136 son de mujeres, algo más de un 41%. Diez años antes, en 2006, había 5.687 licencias, de las que 2.458 (43%, una proporción similar) eran mujeres. 2.000 licencias más en una década, en plena ebullición de Carolina Marín, ¿es suficiente, vistos los éxitos que lleva consigo una mujer que si en España ya empieza a ser reconocida, en Indonesia o India es toda una celebridad?

La Carolina Marín más reivindicativa

Igual que Carolina Marín es consciente de su importancia como deportista nacional, también lo es como punta de lanza del bádminton. Se ha puesto a sí misma la losa de intentar llevar a lo más alto el bádminton español y convertirlo en un fenómeno de masas. Por eso, no duda en criticar pública y privadamente a la Federación Española de Bádminton, si así lo necesita. A David Cabello, el presidente del organismo, ya le ha tocado tragar saliva en más de un acto público ante las críticas que le ha realizado Marín. Una de las últimas fue en la recepción que hubo en el Consejo Superior de Deportes tras el Europeo por Equipos, en el que las féminas se colgaron el bronce.

"Me hubiera gustado conseguir un oro o una plata mínimo. Hemos logrado una de bronce y no nos conformamos. Os incito a que en dos años podamos luchar por la medalla de oro. A nivel de selección no sé si se ha hecho todo lo que se podía hacer en cuanto a planificación porque conozco el potencial que hay en el bádminton español y no tengo duda de que el rendimiento puede ser más de lo que hay a día de hoy", pidió, con la mirada fija en Cabello.

El bádminton español goza de buena salud, pero no es suficiente. Carolina Marín quiere conseguir más, no sólo de manera individual, sino colectiva: España puede porque tiene que pensar que puede. La pelota, o más bien el volante, está ahora en el tejado de las autoridades.

Publicado en Deportes.

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