Imponer el primer apellido del padre es machismo, no tradición

Imponer el primer apellido del padre es machismo, no tradición

*** Rozila.com Notas de Prensa. Redes Sociales. ***

Hoy cedo este espacio a una madre mucho más reciente que yo (cada año que pasa queda de manifiesto que elegí un nombre con muy poca visión de futuro) cuyo hijo nació estando ya en vigor la legislación que permitía elegir apellido materno o paterno para los niños. Mi compañera Yolanda Marín nos regala a todos un texto que requiere poca presentación. Son sus reflexiones y su experiencia, que, sin más, comparto:

Es triste minoría. Hay que asumirlo. Mi hijo es parte de ese discretísimo 0,5% que lleva el apellido materno utilizando la nueva la ley de libre elección que cumple ahora su primer aniversario. En nuestro caso, de mi pareja y yo, no se impuso nada, excepto la igualdad. Y posteriormente el azar.

Ambos queríamos poner -que no imponer- al bebé nuestro primer apellido. Pero esta vez sí cambiaba algo. Yo tenía derecho. Nadie me tenía que ceder su puesto, antes privilegiado, por el simple, y tan simple, hecho de ser varón. El hombre ahora no tenía asiento preferente.

Me hubiera gustado, como dice Madre Reciente, que mi pareja cediera. Él no lo hizo. Y estaba en pleno derecho. Sus palabras: “¿Quieres igualdad? Pues yo tengo el mismo derecho que tú a ponerle mi primer apellido”. Así terminaban la eternas y livianas discusiones (no peleas) que tuvimos durante los meses de embarazo.

Y me pareció correcta su postura, pero no cedí. ¿Por qué? Porque es un pequeño gesto que borra de un plumazo años de desigualdad entre hombres y mujeres. Que elimina décadas de prioridad por el mero hecho de ser varón. Que nos hace ser iguales, como debe ser, ante la ley.

No cedí, como muchos creen, por dar continuidad a mi apellido (y tengo motivos de sobra para esto). No lo hice por diferenciarme del resto. No lo hice por modernidad. No lo hice como guiño a mi familia. Lo hice simplemente por nosotras. Todas. Y por él, sí. Es lo que más me motivó a no ceder. Su DNI lleva inscrita la igualdad desde su llegada al mundo. Y así lo quiero educar.

Y si ninguno de los dos daba el brazo a torcer, ¿qué opción teníamos? Echarlo a suertes o que un funcionario decidiera por nosotros en el juzgado. El azar nos pareció la vía más justa y razonable. Esta fue la fórmula: si nacía en día par llevaría el apellido del padre. Y si nacía en día impar, el apellido de la madre. Adivinen quién gano.

Aún con parto programado en día par, el bebé vino a hacer en día impar. Podría haber sido al contrario. Pero no. Gané yo. Lo digo con orgullo. Fue una divertida competición. En condiciones iguales.

Después ya vino el trámite en el juzgado, algo más largo (nada complicado) porque fuimos los primeros en utilizar la nueva ley donde residimos. No se extrañen. Que el bebé sea pionero no es difícil. Apenas hay competencia: en 11 meses de igualdad legal solo 1.912 de los 401.786 bebés han sido inscritos con el materno primero.

Y ya con el trámite hecho, y el primer apellido de la madre, vinieron los comentarios. Estos fueron algunos de los más habituales. Muchos de ellos, sorprendentemente, de mujeres.

  • “No hay que romper las tradiciones. Es lo que se ha hecho siempre”. No hablamos de tradiciones. Hablamos de una práctica machista.
  • “Tu pareja es un calzonazos”. Esto mejor ni lo comentamos, ¿no? A promover la igualdad, o a no imponerse, se le llama ser calzonazos. Brillante. ¡Plas, plas!
  • “Ya no quedan hombres como los de antes”. Este fue el comentario de un funcionario de la policía cuando hicimos el DNI del bebé. Pues sinceramente, eso espero, que cada vez queden menos como “los de antes”.
  • “Eres una moderna”. ¿Moderna = feminista?. Sí, lo soy. Gracias por recordármelo.
  • “Si yo pudiera, lo haría”. Puedes, sí. Desde hace un año y desde hace 18. El orden de los apellidos se puede cambiar desde el año 2000. Ahora lo que se ha modificado es que no se impone el de hombre como preferente.

Y si tienen interés en saber cómo funciona esta ley igualitaria, pueden leer este artículo, lo escribí hace un año. Estaba embarazada y me valió para informarme. Y para no ceder ante el machismo.

Publicado en Ser Madre.

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