Se trata de una secuencia que los más viajeros conocen bien: tras superar el minucioso control de seguridad, toca una nueva parada en la puerta de embarque en la que hay que presentar una vez más el billete y algún documento identificativo. En este proceso se pierde mucho tiempo puesto que no todo el mundo tiene la documentación requerida a mano y por otro lado, los empleados de la aerolínea deben comprobar, una a una, la identidad de los viajeros. Se trata de un engorro para todos: para los pasajeros es una pérdida de tiempo innecesaria y para la línea, todo el tiempo que la aeronave se encuentre detenida supone un coste adicional. Sin embargo, la tecnología ha llegado para facilitar enormemente este trámite.

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