El drama que esconde la historia de Wilton, el niño nicaragüense abandonado en la frontera sur de EE UU

El drama que esconde la historia de Wilton, el niño nicaragüense abandonado en la frontera sur de EE UU

A los ojos del mundo, Wilton era un migrante nicaragüense que había sido abandonado en un paraje semidesértico de Texas. El niño de 10 años apareció a principios de mes en un vídeo que se hizo viral en el que pedía ayuda llorando a un agente de la Patrulla Fronteriza estadounidense. Su imagen se convirtió en un símbolo de la primera crisis migratoria que afronta el Gobierno de Joe Biden. Pero su historia revela una tragedia mayor: comienza con una huida junto a su madre, que trataba de escapar del acoso y la violencia de su expareja, desde las montañas de El Rama —en la costa Caribe Sur nicaragüense—, y termina con un secuestro en la frontera norte mexicana. EL PAÍS viajó a la comunidad de origen de los migrantes para reconstruir la historia de madre e hijo.

Ambos consiguieron llegar a territorio estadounidense, pero con la frontera cerrada a nuevos casos de asilo, fueron devueltos casi inmediatamente a México y cayeron en manos de un cartel que los secuestró. Poco después, en Miami, Misael Obregón, el hermano de Meylin y tío de Wilton, y quien había ayudado a los migrantes a financiar el viaje, recibió la primera llamada extorsionadora. Le pedían 5.000 dólares por cabeza. Él solo podía pagar la mitad del rescate y acordó con la madre que cruzaran a EE UU al niño de 10 años. Liberado por sus captores, el menor fue encontrado el 1 de abril por el agente fronterizo que grabó el vídeo que se hizo viral. La desesperación del migrante abandonado en medio del desierto y pidiendo auxilio conmovió a EE UU y Centroamérica y se convirtió en símbolo del drama de la primera crisis migratoria a la que se enfrenta el Gobierno de Joe Biden.

En su remota comunidad de origen está la otra parte de la tragedia. De allí huyó Meylin Obregón el 8 de febrero con el mayor de sus hijos, Wilton, porque sentía que no tenía opciones para vivir de manera segura. Cinco días antes de emprender su travesía migratoria, la madre acudió a la Fiscalía de Nicaragua a interponer una denuncia contra el que había sido su pareja, Lázaro Gutiérrez Laguna. “Mi hija denunció todo… En la declaración dijo que no quería que Lázaro anduviera detrás de ella, ni rogándole ni nada”, asegura Leiva. “La Fiscalía dio una orden para que él se presentara, pero no se presentó. El acoso siguió y ella me dijo que no se podía quedar más en mi casa. Yo le pregunté por qué, si yo soy su madre y esta es su casa también. ‘Yo sé por qué te lo digo’, me dijo varias veces. Yo sentí que ella se estaba despidiendo, pero no creí que se fuera tan largo”.

De acuerdo a Leiva, su “hija huyó de una mala relación”, de una pareja que le era infiel, la humillaba y maltrataba. “A mi hija la corría de la finca a cada rato. Le restregaba las mujeres en la cara; una vez le echó las vacas encima. No estoy segura si la agredió físicamente, pero ese hombre cualquier cosa le podía hacer. Ella regresaba a la finca de Lázaro por amor a sus hijos, pero después de 12 años de relación, ella ya no soportó más”, asegura la abuela.

El día que EL PAÍS visitó a Socorro Leiva en El Paraíso, tras un viaje de más de 300 kilómetros desde Managua, el telediario local volvió a darle noticias desagradables. A Leiva le dijeron que su hija estaba secuestrada por una mafia de coyotes. En su comunidad no hay energía eléctrica y la señal del móvil es apenas perceptible. Su única conexión al mundo es cuando las baterías alimentadas por unos paneles solares son activadas y dan corriente al pequeño televisor marca Sankey.

“¡Ay, Dios mío!”, dijo Leiva al escuchar el relato de la presentadora de noticias. La abuela se llevó una mano al pecho y otra a la boca para intentar contener el llanto. Fue imposible. “Ya solo Dios con su poder puede librarla. En manos de esa gente cualquier cosa puede suceder”, dijo. “Si aquí [en Nicaragua] hubiera una ley que protegiera a las mujeres, tal vez mi hija no se hubiera ido”, sostuvo.

En una entrevista con medios locales, Lázaro Gutiérrez Laguna aseguró que terminó con su exmujer “por problemas de pareja” y que consensuó con ella que Wilton viajara a EE UU. Pero la abuela lo niega y dice que el niño no quiso irse con su padre cuando él trató de arrebatárselo a la fuerza unos días antes de que Meylin se fuera. El otro hijo de la pareja sí se quedó en Nicaragua con él.

En medio de estas versiones, la vicepresidenta Rosario Murillo se ha implicado en el caso del menor abandonado en la frontera. La vocera del Gobierno de Daniel Ortega ha dicho que la nicaragüense viajó “por problemas en el hogar”, dejando al margen las evidencias de violencia de género, un mal endémico que este año ya se ha cobrado la vida de 19 mujeres en ese país, según la ONG Católicas por el Derecho a Decidir. Además, la primera dama informó de que su Gobierno ha iniciado gestiones para la repatriación del niño de 10 años, que en este momento está en un albergue para menores no acompañados en Brownsville, Texas.